La inflación bajó a 1,9%: por qué los números buenos todavía no se sienten en la calle
Junio marcó la inflación mensual más baja en diez meses y el riesgo país tocó su mínimo en ocho años. Un centímetro debajo de la superficie, el salario real cae, se destruyen empleos y dos millones de personas más entraron en mora. Esta es la cuenta del ajuste — con los números a la vista.
El Gobierno tuvo su mejor dato del año. La inflación de junio fue de 1,9%, perforó por primera vez en meses el piso del 2% y encadenó tres bajas consecutivas desde el pico de marzo. En paralelo, el riesgo país cerró en torno a los 408 puntos a mediados de julio, el nivel más bajo desde 2018, y el dólar oficial se mantuvo planchado cerca de los $1.500.
Es, en la superficie, la foto que cualquier ministro de Economía querría mostrar: precios que se desaceleran, deuda que se abarata, tipo de cambio en calma. Pero la misma semana en que se conoció el dato, una textil entró en concurso preventivo, la industria acumuló su cuarto mes en rojo y los datos de morosidad marcaron un récord. La pregunta que ordena esta nota es simple: si los números están tan bien, ¿por qué la calle no lo siente?
Un 1,9% mensual, aislado, no dice nada. Cobra sentido al lado de su propia historia. Hace dieciocho meses la Argentina convivía con una inflación que en 2024 cerró en 117,8% anual. En 2025 bajó a 31,5% — la más baja en ocho años. El descenso es real y es grande: la película, no la foto.
La desaceleración, mes a mes
Inflación mensual en Argentina, enero 2025 – junio 2026 (%, INDEC)
El gráfico muestra dos cosas a la vez. La tendencia general baja, pero no en línea recta: hubo un rebote a comienzos de 2026 —enero y febrero en 2,9%, marzo en 3,4%— antes de retomar el descenso. Ese arrastre es la razón por la que el índice interanual subió levemente a 33,5% aun cuando el dato mensual mejoraba. Es un detalle técnico que casi ningún titular aclara, y que cambia la lectura: la desinflación se frenó y volvió a arrancar.
△ La cocina del dato
El número surge del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que el INDEC publica cada mes. Mide la variación de precios de una canasta de bienes y servicios que releva una familia tipo; el dato de junio se difundió a mediados de julio con relevamiento en los 31 aglomerados urbanos del país.
Dos precisiones que un dato de inflación siempre necesita: la inflación núcleo —que excluye estacionales y regulados, y refleja mejor la tendencia de fondo— fue de 1,6%, todavía por debajo del índice general. Y lo que más empujó en junio no fue la comida (que subió apenas 1,3%) sino Recreación y cultura (+4,2%) por turismo, y vivienda y tarifas (+3,3%) por ajustes regulados.
Acá está el giro. Domar la inflación tuvo un precio, y ese precio aparece en otros indicadores que rara vez comparten titular con el IPC. La misma economía que desacelera precios está enfriando la actividad: la industria acumuló una caída de 2,1% en el primer cuatrimestre y la construcción se desplomó 4% en abril. Pero no todo cae — y ese matiz importa.
La economía de dos velocidades
Variación interanual por sector en 2026 (%). El campo y la minería tiran; el mercado interno se contrae.
La brecha se explica por el consumo. Con el salario real de los trabajadores privados cayendo 5% y el crédito a las familias en baja, la plata en el bolsillo alcanza para menos. El resultado más crudo está en la morosidad:
Dos millones de personas más, en mora
Personas con deudas en situación de atraso. Diciembre 2025 vs. mayo 2026.
Esta es la tensión central de la economía argentina en 2026, y la razón por la que "los números están bien" y "la calle está mal" pueden ser, ambas, afirmaciones ciertas. La estabilidad de precios se compró con recesión en el mercado interno. Para quien cobra en dólares o exporta, es un buen año. Para quien vive de un salario y una tarjeta, todavía no.
¿Por qué baja la inflación? La mecánica del ancla cambiaria+
El motor de la desinflación es el tipo de cambio. Con el dólar oficial subiendo mucho menos que los precios —pasó de $1.410 a cerca de $1.500 en todo el semestre, un alza suave— el dólar funciona como ancla: importar se abarata, y los precios de los bienes transables dejan de correr. A eso se suma una tasa de interés real positiva que premia quedarse en pesos y desalienta la remarcación preventiva.
El costo de ese esquema es doble. Primero, un atraso cambiario: si los precios internos suben más rápido que el dólar, la Argentina se encarece medida en dólares, lo que golpea a la industria que compite con importados (de ahí las 12 de 16 ramas industriales en baja). Segundo, la necesidad de reservas: sostener el esquema exige que el Banco Central acumule divisas. Las estimaciones hablan de compras necesarias por entre US$6.500 y US$10.400 millones hasta 2027.
El termómetro del ajuste: empleo, salario y crédito+
Entre el primer trimestre de 2025 y el mismo período de 2026 se destruyeron unos 120.000 empleos asalariados, de los cuales cerca de 100.000 fueron del sector privado. El salario real privado cayó alrededor de 5% y el público, 4,5%. El crédito en pesos se contrajo 4,5% entre diciembre y mayo, y los préstamos a familias, 6,5%. La informalidad laboral supera el 44% de la fuerza de trabajo.
El contraste macro no desaparece: el PBI creció 2,3% interanual en el primer trimestre de 2026, tras un 2025 que cerró en +4,4%, el mayor avance de la serie desde 2004. La economía crece en el agregado y en los sectores exportadores, pero el componente que depende del consumo interno es el que arrastra.
¿Es sostenible? Los tres escenarios en disputa+
Escenario optimista: la desinflación se consolida, el riesgo país perfora los 400 puntos, la Argentina vuelve a los mercados de deuda, baja el costo de financiamiento y la actividad rebota en el segundo semestre a medida que el salario real empieza a recuperar. La recesión habría sido el precio de entrada.
Escenario de estancamiento: los precios se estabilizan pero la actividad no rebota; el atraso cambiario se vuelve insostenible y obliga a una corrección del tipo de cambio que reavive la inflación. El clásico "stop and go" argentino.
La variable a vigilar: las reservas del Banco Central y el salario real. Si el BCRA acumula dólares sin sobresaltos y el salario deja de caer, el primer escenario gana probabilidad. Si no, la calma cambiaria de hoy es prestada. Con Interés va a volver sobre este dato en septiembre para ver cuál de los tres se está cumpliendo.