El 24,1% del salario formal ya se va en pagar deudas: el freno oculto al consumo
El Banco Central informó que en abril las familias destinaron el 24,1% de la masa salarial formal a pagar cuotas de préstamos y tarjetas: el nivel más alto en más de una década y por encima del pico de 2018. La morosidad se quintuplicó desde fines de 2024 y las refinanciaciones se duplicaron en seis meses. La desinflación no alcanza cuando el sueldo entra ya comprometido.
El Banco Central publicó a mediados de julio su Informe de Estabilidad Financiera del primer semestre de 2026, la radiografía que hace dos veces al año sobre la salud del sistema. Un dato saltó por encima del resto: en abril, el pago mensual de capital e intereses de las familias equivalió al 24,1% de la masa salarial formal —el conjunto de los sueldos registrados de la economía—. Medido sobre una base más amplia, que suma prestaciones sociales, la carga fue del 16,9%; sobre el PBI, del 4,6%.
La foto conversa con otra que Con Interés ya contó: la desinflación es real, el dólar está planchado y el riesgo país tocó mínimos de ocho años. Pero debajo de esos números buenos, el crédito que renació después de años de sequía empezó a apretar. La misma semana, consultoras que leen la base de deudores del Central estimaron que la morosidad de las familias volvió a subir y que las refinanciaciones tocaron un récord. La pregunta que ordena esta nota: si el sueldo ya entra con un cuarto comprometido, ¿cuánto queda para el consumo que debería empujar la recuperación?
Un 24,1% aislado no dice mucho. Cobra sentido al lado de su propia historia. La carga de deuda de las familias es un indicador que el propio Banco Central publica desde hace más de una década, y que durante años se movió en un rango tranquilo: rondaba el 10,9% a mediados de 2023 y el 13% hacia fines de 2024. El promedio de la última década se ubica en torno al 15,1%, y el pico previo —en 2018, con el crédito hipotecario UVA en auge— había llegado a cerca del 20%. El registro de abril de 2026 dejó atrás los dos: es el más alto de la serie que informa el organismo.
Un cuarto del sueldo, el techo de la serie
Pago mensual de deudas como % de la masa salarial formal, en momentos clave (BCRA)
Hay un matiz honesto que la nota no esconde: parte de este salto ocurre porque el crédito venía de niveles bajísimos. En 2023 y 2024, con tasas altísimas y sin financiamiento, casi nadie se endeudaba; que el crédito reaparezca es, en sí mismo, señal de una economía que se normaliza. El problema es la velocidad. La carga casi se duplicó en año y medio —de 13% a fines de 2024 a 24,1% en abril— y ya perforó el techo de 2018, cuando el crédito era mucho más grande. El crédito volvió, pero volvió caro y corto.
△ La cocina del dato
La cifra ancla surge del Informe de Estabilidad Financiera (IEF) que el Banco Central publica cada semestre. Ahí figura el indicador de carga de los servicios de deuda de las familias: cuánto representa el pago mensual de capital e intereses respecto de la masa salarial. El dato de abril (24,1% sobre la masa formal, 16,9% sobre la ampliada, 4,6% del PBI) fue reproducido de forma coincidente por Infobae, Río Negro, Conclusión y Canal C, todos citando el mismo informe.
Los datos de morosidad vienen de una fuente distinta —la Central de Deudores (CENDEU) del propio BCRA—, leída por las consultoras 1816 y Eco Go. El dato oficial de abril (mora de familias en 12,1%) está confirmado; el de mayo (12,7%) es una estimación preliminar de esas consultoras, porque el informe bancario oficial de mayo se difunde recién hacia fin de julio. Lo marcamos como tal. La refinanciación (del 1,6% al 3,2% del stock entre octubre y abril) sale también del IEF.
Acá está el giro. Un cuarto del sueldo formal comprometido en cuotas explica, mejor que casi cualquier otro dato, por qué el consumo no repunta pese a la desinflación. Antes de decidir qué comprar en el supermercado, muchas familias ya tienen ese pedazo del ingreso reservado para el banco o la fintech. Y cuando el sueldo no alcanza, el atraso aparece: la morosidad de las familias pasó de apenas 2,5% a fines de 2024 a rondar el 12,7% en mayo, según las consultoras que leen la base del Central. Se quintuplicó en año y medio y encadenó, con el dato preliminar, diecinueve meses en alza.
La mora se quintuplicó en año y medio
% de la cartera de crédito a familias en situación de atraso. Oct. 2024 vs. may. 2026.
El deterioro no es parejo. Las empresas pagan mejor que las familias, y dentro del crédito a personas, el que más duele es el de las fintech y proveedores no bancarios, donde la irregularidad trepa a niveles muy superiores a los de los bancos. Es el mapa de quién absorbe el ajuste.
Quién paga peor
Irregularidad del crédito por tipo de deudor y de acreedor (%). Datos preliminares de consultoras sobre base BCRA.
Frente a la cuota que no entra, aparece la salida de emergencia: refinanciar. Estirar el plazo, patear la deuda hacia adelante. El IEF muestra que las renegociaciones de préstamos pasaron del 1,6% del stock de crédito en octubre de 2025 al 3,2% en abril —se duplicaron en seis meses— y tocaron el máximo desde 2010. Es un termómetro de estrés: la familia que refinancia no es la que compra, es la que patea.
Patear la deuda: récord desde 2010
Saldo de préstamos refinanciados como % del stock total de crédito. Oct. 2025 vs. abr. 2026.
Para quien vive de un sueldo formal, la cuenta es concreta: de cada $100 de bolsillo registrado, unos $24 ya están comprometidos con una cuota antes de llegar a fin de mes. Por eso la recuperación del consumo, que en teoría debería llegar con la inflación baja, se hace esperar. El ingreso mejora de a poco, pero una parte creciente entra hipotecada.
La otra lectura: el BCRA dice que la mora "ya tocó su pico"+
No todos leen estos números como una alarma. El vicepresidente del Banco Central, Vladimir Werning, afirmó públicamente que "la mora bancaria ha tocado su pico en el segundo trimestre" de 2026, y el organismo interpreta el deterioro como un fenómeno transitorio, propio del nacimiento de un mercado de crédito que resurge desde una base casi nula. En esta mirada, es lógico que una parte de los nuevos deudores —gente que no accedía a un préstamo hacía años— tropiece al principio; a medida que el crédito madure y el salario real se recupere, la mora debería aflojar.
El contraargumento es de magnitud y de nivel: la carga de deuda ya superó el pico de 2018, cuando el crédito era mayor y la economía no venía de una recesión. Que el punto de partida fuera bajo explica la velocidad de la suba, pero no que el nivel haya quedado en el techo de la serie. Cuál de las dos lecturas gana se sabrá con los datos del segundo semestre: si la mora efectivamente cede, Werning tendrá razón; si sigue subiendo, la foto de julio no era un pico sino una parada.
Los números finos: masa formal, ampliada y PBI+
El mismo pago de deudas se mide contra tres bases distintas, y por eso conviven tres porcentajes. Sobre la masa salarial formal (solo sueldos registrados) da 24,1%. Sobre la masa salarial ampliada, que suma jubilaciones y prestaciones sociales, baja a 16,9%, porque el denominador es más grande. Y sobre el PBI total representa 4,6%. No son contradictorios: son la misma cuota mirada con distinta regla. La base más exigente —la formal— es la que mejor refleja la presión sobre el trabajador que cobra en blanco.
En paralelo, la irregularidad del crédito golpea con fuerza a los más jóvenes: entre los menores de 35 años con préstamos vigentes, alrededor de 4 de cada 10 registran al menos una deuda en mora (más de 42% en la franja de 18 a 25 años), según la lectura de la Central de Deudores. Son datos preliminares de consultoras, pero dibujan un patrón: la primera experiencia crediticia de una generación está siendo la del atraso.
Por qué esto frena (o no) la recuperación+
La teoría del rebote 2026 supone que, con la inflación domada, el salario real empieza a recuperar y las familias vuelven a consumir. La carga de deuda es la piedra en ese camino: si una porción creciente del ingreso se va en cuotas, la mejora del salario se destina a pagar lo viejo antes que a gastar en lo nuevo. Es el llamado desapalancamiento: primero se ordena la deuda, después se consume.
La variable a vigilar: el crédito al sector privado y el salario real. Si el crédito sigue creciendo mientras la mora cede y el sueldo gana poder de compra, la carga puede estabilizarse sin dolor. Si el salario no despega y la mora sigue en alza, el 24,1% de hoy será un piso y no un techo. Con Interés va a volver sobre este dato cuando el BCRA publique el próximo informe, para ver cuál de los dos caminos se está cumpliendo.