El desempleo casi no se movió (7,8%), pero el empleo se volvió más precario por dentro
El INDEC informó una desocupación de 7,8% en el primer trimestre, casi idéntica a la de un año atrás. Debajo del número quieto, la informalidad saltó 2,2 puntos hasta 44,2% y la subocupación subió a 11,1%: los dos únicos indicadores que el propio organismo marca como cambios "significativos". El trabajo no falta más que hace un año; falta trabajo mejor.
El INDEC informó que la desocupación del primer trimestre de 2026 fue de 7,8%, apenas una décima por debajo del 7,9% de un año atrás. Es un movimiento tan chico que el propio organismo lo cataloga como un cambio "sin significación estadística": en criollo, el desempleo quedó donde estaba. En la superficie, el mercado laboral argentino luce en calma.
Pero el mismo informe traía dos datos que sí se movieron, y en la dirección incómoda: la informalidad trepó a 44,2% de los ocupados —2,2 puntos más que un año atrás— y la subocupación —quienes trabajan menos de 35 horas y quieren trabajar más— subió a 11,1%, un punto largo por encima. Son los únicos dos indicadores que el INDEC marca como estadísticamente significativos. La pregunta que ordena esta nota es simple: si el desempleo no subió, ¿por qué el empleo se siente peor?
Un 7,8% de desocupación, aislado, dice poco. Cobra sentido comparándolo con el mismo trimestre de años anteriores — y esa aclaración importa, porque el desempleo tiene una estacionalidad marcada: baja en verano, con la cosecha y el turismo, y sube después. Comparar un primer trimestre con un cuarto trimestre engaña; comparar primeros trimestres entre sí, no.
La foto que casi no cambia
Tasa de desocupación en el primer trimestre de cada año (%, INDEC-EPH, 31 aglomerados).
La estabilidad del titular es real. En tres primeros trimestres seguidos, la desocupación se movió apenas dos décimas. Lo que cambió no es cuánta gente busca trabajo y no encuentra, sino la calidad del trabajo de quienes sí lo tienen. Ahí está el quiebre que el número grande no muestra.
△ La cocina del dato
El número surge de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que el INDEC releva en 31 aglomerados urbanos, que cubren unos 30,1 millones de personas (el 63,4% del país). La tasa de 7,8% se mide sobre la población económicamente activa de esos aglomerados (14,61 millones): son unas 1,14 millones de personas desocupadas en el relevamiento. Proyectado a toda la población urbana del país, el INDEC estima alrededor de 1,72 millones sin trabajo y buscándolo. Las dos cifras describen lo mismo a distinta escala; conviene no confundirlas.
Segunda precisión, clave para leer esta nota: para la EPH, un "desocupado" es quien no tiene ningún empleo y buscó activamente en la última semana. Quien hace changas unas horas, o maneja para una app, cuenta como ocupado — aunque gane poco y sin aportes. Por eso la tasa de desocupación puede quedarse quieta mientras la informalidad y la subocupación suben: el problema no desaparece, se muda de casillero.
Acá está el giro. Un empleo informal no es un tecnicismo estadístico: es un trabajo sin aportes jubilatorios, sin obra social, sin aguinaldo ni vacaciones pagas, sin indemnización y —casi siempre— peor pago. Que 44 de cada 100 ocupados estén en esa situación cambia por completo la lectura del "mercado en calma". No es lo mismo un 7,8% de desempleo con empleo mayormente registrado que el mismo 7,8% con la informalidad en máximos.
Lo que sí se movió
Informalidad y subocupación, primer trimestre 2025 vs. 2026 (%, INDEC). Son los dos cambios que el INDEC marca como significativos.
La otra cara es qué tipo de empleo se está creando. Un análisis del CEPA sobre datos oficiales muestra el reacomodamiento por debajo del promedio: entre fines de 2023 y el primer trimestre de 2026 se perdieron 216.321 puestos registrados en el sector privado (–3,4%), mientras crecían los monotributistas (+165.542) y, en un período algo distinto (2024-2026), el empleo no registrado sumaba del orden de 600.000 personas. El total de ocupados se sostiene; su composición se degrada.
Se destruye registrado, crece monotributo
Variación de puestos entre el 4.º trim. 2023 y el 1.er trim. 2026 (CEPA sobre datos oficiales).
Para el bolsillo, la diferencia es concreta. Un trabajador no registrado suele ganar bastante menos que uno registrado por la misma tarea, no suma años para jubilarse y no cobra indemnización si lo despiden. La estadística lo cuenta como "ocupado"; su economía familiar lo vive como precariedad. Esa es la razón por la que "el desempleo no subió" y "cada vez cuesta más llegar a fin de mes" pueden ser, las dos, afirmaciones ciertas al mismo tiempo.
¿Por qué no sube la desocupación si se destruye empleo registrado?+
La respuesta está en la definición y en las plataformas. Como la EPH cuenta como ocupado a quien trabajó aunque sea una hora en la semana, un puesto registrado que se pierde no aparece como desocupación si esa persona pasa a hacer changas, a manejar para una app o a trabajar por cuenta propia. El casillero cambia de "asalariado registrado" a "informal" o "monotributista", pero no a "desocupado".
El CEPA lo describe con crudeza: el trabajo de plataformas funciona como un "mecanismo de descomposición" de la relación laboral tradicional, que permite seguir estando estadísticamente ocupado con ingresos marginales. Por eso los analistas miran la presión sobre el mercado laboral —que suma desocupados, subocupados y ocupados que buscan otro trabajo—: según el CEPA, ese indicador ampliado alcanzó al 30,7% de la población activa, creciendo respecto de un año atrás. La foto ampliada es peor que la del titular.
El termómetro de las empresas y las diferencias por región+
El dato hacia adelante tampoco ayuda. Según un relevamiento del IAE Business School, cerca de la mitad de los dueños de pymes evaluaban reducir su planta de personal en los seis meses siguientes — la proporción más alta de su serie. El informe habla de una "creciente prudencia" en las decisiones de contratación e inversión. Es una encuesta de expectativas, no un dato duro, y como tal la tomamos: marca clima, no certeza.
El promedio nacional además esconde brechas grandes. En el primer trimestre, la desocupación fue más alta en San Nicolás–Villa Constitución (10,4%), Bahía Blanca–Cerri (10,1%), el Gran Buenos Aires y Gran Resistencia (en torno a 9,7%) y Mar del Plata (9,3%) — todos varios puntos por encima del 7,8% general. El desempleo argentino es, sobre todo, un fenómeno de los grandes centros urbanos industriales.
Qué mirar en septiembre+
El próximo dato de la EPH —el del segundo trimestre de 2026— se conoce en septiembre. Hay tres variables para seguir. Primero, si la informalidad sigue trepando o toca un techo: es el termómetro más honesto de la calidad del empleo. Segundo, si la recuperación de la actividad económica se traduce en empleo registrado o sigue derramando en changas y monotributo. Tercero, si la subocupación cede: hoy hay mucha gente ocupada que igual sale a buscar más horas porque lo que gana no alcanza.
La estabilidad de la tasa de desempleo es una buena noticia real. Pero medir sólo ese número es mirar la punta del iceberg. Con Interés va a volver sobre estos datos en septiembre, cuando el INDEC publique el segundo trimestre, para ver si la calidad del empleo se recompone o se sigue degradando.