La recaudación subió 23,7% en junio y aun así cayó: la inflación se comió el aumento
ARCA recaudó $20 billones en junio, casi un cuarto más que un año atrás en pesos. Pero los precios subieron 33,5% en el mismo lapso, así que en términos reales la recaudación cayó 7,4%. Detrás del número: la baja de retenciones al campo, una prórroga de Ganancias que corrió plata a julio, y un IVA que —termómetro del consumo— también quedó en rojo.
En junio, ARCA —el organismo que sucedió a la AFIP— recaudó $20,02 billones, un 23,7% más que en el mismo mes de 2025. Es un número grande y en verde, del tipo que un gobierno suele mostrar. Pero en la Argentina un aumento nominal no dice casi nada por sí solo: hay que medirlo contra la inflación. Y los precios subieron más que la recaudación —33,5% en doce meses—, de modo que, ajustado por inflación, el Estado recaudó 7,4% menos que un año atrás.
El dato importa porque venía de un respiro. En mayo la recaudación había crecido 1,7% real y había cortado una racha de nueve meses seguidos por debajo de la inflación. Junio volvió al rojo. Hay una explicación oficial —la baja de retenciones al agro y una prórroga en el pago de Ganancias que corrió ingresos hacia julio— pero también una señal más incómoda: incluso descontando el comercio exterior, la recaudación cayó. La pregunta que ordena esta nota: ¿cuánto de esta caída es por decisión de política y cuánto porque la economía interna todavía no tracciona?
La recaudación no cae ni sube en bloque: cada impuesto cuenta una historia distinta. Y en junio esas historias fueron de signo opuesto. Un puñado de tributos le ganó a la inflación; la mayoría, no. El que más se hundió fue el que el propio Gobierno decidió bajar.
Qué impuesto le ganó a la inflación y cuál no
Variación real interanual por tributo, en % (recaudación deflactada por el IPC, 33,5% i.a.).
El desplome de las retenciones (derechos de exportación), que cayeron 45,9% real, no es un accidente: es la contracara de una política. El Gobierno bajó las alícuotas al agro —una rebaja que rigió sobre el primer semestre— para dar competitividad al campo. Menos impuesto por tonelada exportada significa menos pesos entrando a la caja del fisco. Es el mismo movimiento que, contado desde el otro lado, explicó por qué el campo liquidó menos dólares pese a exportar un volumen récord.
Ese último número es la clave de lectura. Si la caída fuera solo por las retenciones, sería casi una decisión contable. Pero el IARAF calculó que, excluyendo del todo el comercio exterior, la recaudación igual cayó 4,3% real. La debilidad, entonces, no está solo en la aduana: llegó a los impuestos que dependen de lo que pasa adentro de la economía.
△ La cocina del dato
La cifra bruta la publica ARCA (ex AFIP) el primer día hábil de cada mes: es la recaudación nominal, en pesos. El paso que convierte ese número en información es la deflación: dividir el aumento nominal (23,7%) por la inflación del período (33,5% interanual, INDEC) para ver si el Estado recaudó más o menos en poder de compra. Ese cálculo lo hace el IARAF, un instituto independiente, y da −7,4% real.
Dos precisiones que este dato siempre necesita. Primero, hubo efectos de calendario: ARCA prorrogó el vencimiento del pago de Ganancias de personas humanas, y eso corrió ingresos previstos para junio hacia julio —parte de la caída se "recuperaría" el mes que viene—. Segundo, la baja de retenciones es una decisión de política, no un derrumbe de la actividad: el fisco resigna esos pesos a propósito. Por eso el número que despeja el ruido es el del IARAF sin comercio exterior: −4,3% real.
La recaudación es la nafta del superávit fiscal, el pilar del programa económico. Si entran menos pesos reales, el Gobierno tiene dos caminos para no perder el equilibrio: recortar todavía más el gasto, o resignar parte del colchón. Por eso un mes flojo de ingresos no es un tecnicismo: define cuánto ajuste hace falta para sostener el "déficit cero" que el oficialismo puso como bandera.
Subió la recaudación, subieron más los precios
Variación interanual, junio 2026 (%). La diferencia entre las dos barras es la caída real.
Para el bolsillo del lector, la señal más directa está en el IVA, el impuesto al consumo. Cayó 4% real: se paga IVA cuando se compra, así que un IVA que pierde contra la inflación es un termómetro de ventas que no repuntan. Y como Ganancias y las retenciones alimentan la coparticipación, su caída se traslada a las provincias: según ARCA, las transferencias automáticas a los gobiernos provinciales cayeron 5,6% real en junio — menos plata para sueldos estatales, obra y servicios en cada distrito.
Acá conviven, otra vez, dos lecturas verdaderas. El Gobierno subraya que buena parte de la baja es deliberada (menos retenciones) o transitoria (el corrimiento de Ganancias a julio), y que la actividad viene mejorando. Los números le dan la razón en parte: julio debería recuperar algo de lo que se pospuso. Pero el −4,3% real sin comercio exterior sugiere que, descontando esos efectos, la base tributaria todavía no crece al ritmo que haría falta. Cuál de las dos pesa más se sabrá recién con el dato de julio.
Por qué un +23,7% puede ser una caída: la aritmética real vs. nominal+
La trampa de los números nominales es que mezclan dos cosas: cuánto más se recaudó de verdad y cuánto subieron los precios. Si la recaudación crece 23,7% pero todo cuesta 33,5% más, con esos pesos "extra" se compran menos bienes y servicios que un año atrás. La cuenta es directa: 1,237 dividido 1,335 da 0,926, es decir un 7,4% menos de poder de compra. Es el mismo motivo por el que un sueldo que "aumentó" puede alcanzar para menos.
Por eso Con Interés —y los institutos serios— nunca lee la recaudación en pesos corrientes: siempre la deflacta. El número honesto no es cuántos billones entraron, sino cuántos entraron medidos en la misma vara que el año pasado.
El costo fiscal de bajar retenciones: el otro lado de una política+
Las retenciones fueron el tributo que más cayó: 45,9% real. No es casualidad. El Gobierno bajó las alícuotas a las exportaciones del agro para mejorar la competitividad y estimular la liquidación de divisas. Es una decisión con dos caras: le deja más dólares y más rentabilidad al campo, pero le quita pesos al fisco, que perdió una fuente de recaudación relativamente barata de cobrar.
Es el mismo hecho que, contado desde el productor, explicaba por qué el campo liquidó menos dólares pese a embarcar un volumen récord de granos: menos impuesto por tonelada. Un dato, dos consecuencias. La pregunta de fondo —si la mayor actividad exportadora terminará compensando lo que se resigna en impuestos— todavía no tiene respuesta cerrada.
¿Se recupera en julio? Lo que hay que vigilar+
El argumento del rebote: parte de lo que no entró en junio fue por el corrimiento del vencimiento de Ganancias de personas humanas. Esos pesos deberían aparecer en julio, así que el próximo dato podría mostrar una mejora que es, en buena medida, un espejismo de calendario.
La señal a mirar: el IVA y la seguridad social, los tributos que dependen del consumo y del empleo formal. Si esos empiezan a ganarle a la inflación, la recuperación es real. Si siguen por debajo, la caída de junio no fue solo calendario. Con Interés va a volver sobre el dato de julio para ver cuál de las dos historias se impone.