El número que no se movió: el bono a los jubilados lleva más de dos años congelado en $70.000
En julio las jubilaciones subieron 2,15% por la fórmula de movilidad. Pero el refuerzo que completa el haber mínimo sigue clavado en $70.000 desde marzo de 2024. Por eso quien cobra por encima de la mínima le ganó a la inflación desde que empezó la gestión, y quien cobra la mínima —casi dos de cada tres jubilados— la perdió. Un mismo sistema, dos jubilaciones distintas — con los números a la vista.
ANSES oficializó para julio un aumento de 2,15% en jubilaciones, pensiones y asignaciones, en línea con la fórmula de movilidad que sigue mes a mes la inflación del INDEC. Con ese ajuste, el haber mínimo pasó a $411.989 y el máximo, a alrededor de $2,77 millones. Hasta ahí, la parte que se mueve.
La parte que no se mueve es el bono. Desde marzo de 2024, el Gobierno le agrega al haber mínimo un refuerzo extraordinario de $70.000 —y lo renueva cada mes por decreto, siempre por el mismo importe—. Ese bono no entra en la fórmula de movilidad: no se actualiza. Sumado al haber, deja la mínima en $481.989. La pregunta que ordena esta nota: si el haber sube con la inflación pero el bono no, ¿qué le pasa al que cobra la mínima frente al que cobra un poco más?
La respuesta está en un detalle de diseño. El haber mínimo sin bono ($411.989) se ajusta cada mes por movilidad, así que le sigue el ritmo a los precios. El bono ($70.000) es un monto fijo que pesa cada vez menos. Cuanto más grande es la parte congelada en el bolsillo de un jubilado, más pierde. Y en la mínima, el bono representa hoy uno de cada siete pesos.
Dos jubilaciones, dos destinos
Variación del poder adquisitivo desde noviembre de 2023, ya descontada la inflación (%). Estimación de Chequeado.
El gráfico muestra la paradoja. Desde noviembre de 2023 —el mes previo al cambio de gobierno—, las jubilaciones por encima de la mínima ganaron cerca de 10,4% de poder de compra: la movilidad mensual les permitió empatarle y hasta ganarle a la inflación. La jubilación mínima con bono, en cambio, perdió alrededor de 9,2%. Todo el sistema se rige por la misma fórmula; la diferencia es ese refuerzo de $70.000 que no se actualiza.
Lo que se paga y lo que valdría
Bono a la mínima: monto vigente vs. lo que sería si se hubiera actualizado por inflación desde marzo de 2024.
△ La cocina del dato
Hay dos mecanismos distintos y conviene no confundirlos. El haber se ajusta por la fórmula de movilidad vigente desde 2024, que aplica cada mes la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del INDEC con dos meses de rezago: el aumento de julio (2,15%) toma como referencia la inflación de mayo. Es automático y está atado a los precios.
El bono, en cambio, no surge de ninguna fórmula: es un refuerzo discrecional que el Poder Ejecutivo fija por decreto y renueva mes a mes. Desde marzo de 2024 lo renueva siempre por $70.000. Al no estar indexado, su valor real se licúa con cada mes de inflación. Los montos de julio —mínima $411.989 sin bono, $481.989 con bono, máxima ~$2,77 M, PUAM $399.591 con bono— son los que ANSES oficializó; la estimación del poder de compra es de Chequeado, cruzando esos haberes con el IPC.
Esto no le pasa a un puñado de jubilados: le pasa a la mayoría. Según el último dato desagregado disponible, el 64,4% de los jubilados del régimen general cobraba el haber mínimo o menos (junio de 2023). Es decir que la jubilación que más pierde con el bono congelado es, justamente, la que cobra casi dos de cada tres de los 5,7 millones de jubilados y pensionados del sistema.
Y el punto de partida ya era bajo. Un relevamiento de la Defensoría de la Tercera Edad estima que un adulto mayor necesita más de $1,6 millón por mes para cubrir una canasta básica que incluye alimentos, medicamentos, alquiler y servicios. La mínima con bono cubre apenas una porción de eso.
Lo que cobra y lo que necesita
Haber mínimo con bono (jul. 2026) frente a la canasta básica estimada para un adulto mayor.
¿Y esto cómo te toca? Si cobrás la mínima, tu aumento real de bolsillo es menor que el 2,15% del titular: la parte que sube (el haber) es solo cuatro quintos de lo que recibís, y el quinto restante (el bono) quedó quieto. Si tenés un familiar mayor a cargo, el número a mirar no es el porcentaje de movilidad, sino cuánto del ingreso total sigue congelado: ahí está la pérdida que no aparece en el anuncio mensual.
¿Por qué existe el bono? La vieja y la nueva fórmula+
Hasta 2024, la movilidad se calculaba con una fórmula que combinaba la variación de los salarios y la recaudación de la seguridad social, y se ajustaba cada tres meses. Con inflación alta, ese rezago trimestral hacía que los haberes corrieran siempre por detrás de los precios. La nueva fórmula, vigente desde 2024, pasó a un esquema mensual atado al IPC: más simple y más rápido para no perder contra la inflación mes a mes.
El bono nació como un puente para ese cambio: un refuerzo para sostener el poder de compra de los haberes más bajos mientras la nueva movilidad se afianzaba. El problema es que el puente quedó fijo. Al mantenerlo en $70.000 sin actualizar, su función original —proteger a la mínima— se fue diluyendo con cada punto de inflación acumulada.
La cuenta fiscal detrás de la decisión+
Congelar el bono no es un olvido: es una herramienta de ahorro. El gasto previsional es la mayor partida del Estado —rondó el 9,3% del PBI en años recientes— y las jubilaciones fueron una de las variables donde el ajuste fiscal de la gestión se sintió con más fuerza. Al no indexar el bono, el Tesoro licúa en términos reales una parte del gasto sin necesidad de anunciar una baja nominal: el número no cambia, pero pesa cada vez menos.
Ese diseño convive con un sistema tensionado por otros motivos: el 64,1% de los jubilados actuales (unos 3,6 millones) accedió al beneficio por moratoria, sin completar los 30 años de aportes, y hay menos de dos trabajadores activos aportando por cada jubilado, cuando la sostenibilidad teórica pide alrededor de tres. La discusión sobre el bono es, en el fondo, una discusión sobre a quién le toca cargar con el reequilibrio de las cuentas.
Qué mirar de acá en adelante+
El dato a vigilar es si el bono se descongela. Cada mes que sigue en $70.000 mientras la inflación —aunque desacelerando— sigue corriendo, la brecha entre la mínima y el resto de los haberes se ensancha un poco más. Una actualización, aunque sea parcial, cambiaría de golpe el poder de compra de casi dos tercios de los jubilados; mantenerlo quieto profundiza la divergencia que muestra esta nota.
El segundo termómetro es la relación entre el haber mínimo con bono y la canasta del adulto mayor. Si la inflación sigue bajando y el bono se actualiza, la cobertura mejora; si los precios de la salud y los medicamentos —que pesan fuerte en el gasto de un mayor— corren por encima del IPC general, la mínima puede perder terreno aun con la movilidad al día. Con Interés va a volver sobre este número cuando se conozca la próxima actualización del bono.