La mora de las familias llegó a 12,1%: el récord de deudas impagas que la desinflación todavía no frena
En abril, de cada $100 que las familias le debían a los bancos, $12,10 estaban en atraso: el nivel más alto desde 2004 y más del triple que un año antes. Mientras la inflación se desacelera, la mora encadena año y medio de suba. Esta es la anatomía de un dato incómodo — con los números a la vista.
El Banco Central publicó su Informe sobre Bancos de abril y ahí apareció un dato que rara vez comparte titular con la inflación: la mora de los créditos a las familias trepó a 12,1%, subió por decimoctavo mes casi consecutivo y tocó su registro más alto en más de veinte años. Traducido: de cada $100 que los hogares le deben al sistema financiero, $12,10 no se están pagando en tiempo y forma.
El contraste con las empresas es marcado. La mora del crédito comercial se mantuvo en 3,3%, casi cuatro veces más baja. El problema está concentrado en el bolsillo de las personas: la irregularidad de los préstamos personales llegó a 14,9% y la de las tarjetas de crédito a 12,5%. Y no se detuvo en abril: una estimación privada de la consultora 1816, sobre la Central de Deudores del propio BCRA, calcula que en mayo la mora de las familias habría seguido subiendo hasta el 12,7% (estimado; el dato oficial se publica a fin de julio).
Un 12,1% aislado no dice demasiado. Lo que lo vuelve alarmante es la velocidad. A fines de 2024 la mora de las familias era del 2,5% — un piso históricamente bajo, herencia de años en que el crédito prácticamente no existía. En apenas año y medio se multiplicó por casi cinco. No es un salto puntual: es una escalera que sube todos los meses desde octubre de 2024.
Dieciocho meses en subida
Mora (cartera irregular) de los préstamos a las familias, sep. 2024 – may. 2026 (%, BCRA)
La curva casi no tiene mesetas. Pasó de 3,7% en abril de 2025 a 7,3% en septiembre, y de ahí saltó por encima del 11% en el verano de 2026 para seguir trepando. La comparación que ordena la magnitud: niveles así de irregularidad en el crédito a los hogares no se veían desde 2004, cuando la economía todavía cargaba con las secuelas de la crisis de 2001.
△ La cocina del dato
El número surge del Informe sobre Bancos que el BCRA publica cada mes con datos de todo el sistema financiero, y de la Central de Deudores, que registra la situación de cada crédito. Un préstamo entra en "cartera irregular" cuando el atraso supera los 90 días (situaciones 3 a 6 de la clasificación del Central). El ratio de mora es esa cartera irregular sobre el total prestado a las familias.
Dos precisiones necesarias. Primero: mora no es lo mismo que carga de deuda. La carga mide cuánto del ingreso se va en pagar cuotas; la mora mide cuánta gente directamente dejó de pagar. Segundo: el dato ancla (12,1%) es de abril y es oficial; el 12,7% de mayo es una estimación privada (consultora 1816) mientras el BCRA no publique su informe, previsto para fin de julio. Lo etiquetamos como estimado y no lo tratamos como hecho cerrado.
Detrás del promedio hay un mapa. No todas las deudas se atrasan igual: la mora se concentra en el crédito de consumo —el que se toma para llegar a fin de mes— y casi no aparece en el que tiene una garantía real detrás, como la casa o el auto.
Dónde duele: el consumo, no la vivienda
Mora de las familias por línea de crédito, abril 2026 (%, BCRA). La línea marca el promedio (12,1%).
El costado humano del dato lo aporta la Central de Deudores: alrededor de 5,3 millones de personas arrastran atrasos de más de 90 días, y una estimación privada calcula que cerca de 7 millones (estimado) quedaron, por su historial, fuera del acceso a nuevo crédito. Eso alimenta un círculo: quien se atrasa deja de ser sujeto de crédito, y sin crédito el consumo que venía sosteniendo la actividad se enfría todavía más.
Acá conviven dos lecturas, y ninguna es completa sin la otra. Una, más benigna: buena parte de esta mora es la resaca de un boom. En 2024 y 2025 el crédito a las familias creció con fuerza desde un piso muy bajo; era esperable que, al masificarse, una porción no pudiera pagar, sobre todo entre quienes tomaron su primer préstamo. La otra, más cruda: con el salario real todavía por debajo de donde estaba y el empleo formal estancado, muchos hogares tomaron deuda para cubrir gastos corrientes y hoy no llegan. Que la línea que más se atrasa sea la de las tarjetas —el último recurso para estirar el mes— empuja hacia esta segunda lectura.
¿Por qué sube la mora si la inflación baja?+
Parece una contradicción, pero no lo es. La desinflación no borra las deudas ya tomadas: las cuotas de un préstamo firmado en 2025 vencen igual en 2026. Y el ingreso con el que se pagan viene golpeado: el salario real de los privados quedó por debajo de su nivel previo y el empleo formal no crece. Cuando los precios corrían al 100% anual, la inflación "licuaba" el peso de las cuotas viejas; con inflación en baja, esa licuadora se apagó y la deuda pesa más en términos reales.
A eso se suma el efecto del propio boom de crédito. La mora se mide sobre el stock prestado: cuando el crédito se expande rápido desde niveles muy bajos, incorpora deudores nuevos y de mayor riesgo, y una parte no logra sostener los pagos. Es la cara oscura de la bancarización acelerada.
Mora y carga de deuda: dos cosas distintas que conviene no mezclar+
Son indicadores diferentes y a veces se confunden. La carga de deuda mide cuánto del ingreso de una familia se destina a pagar servicios de deuda (cuotas + intereses): es un problema de flujo. La mora mide qué porción de esa deuda directamente entró en atraso: es un problema de incumplimiento. Se puede tener carga alta sin mora (se paga, pero ahogado) o mora sin carga altísima (se dejó de pagar por un shock puntual, como perder el empleo).
Los dos indicadores están tensionados a la vez en 2026, y esa combinación es la que preocupa: hogares que destinan una porción creciente de su ingreso a la deuda y, aun así, una porción creciente que ya no puede pagarla.
¿Hay riesgo para los bancos? Por qué el sistema no tiembla (todavía)+
Una mora de familias en 12,1% suena a alarma sistémica, pero conviene poner la proporción. El crédito a las familias es una fracción del total del sistema, que sigue muy dominado por títulos públicos y liquidez; la mora del sector privado en su conjunto —familias más empresas— era del 7,3% en abril, y las empresas, que pesan más en el stock, están en 3,3%. Los bancos argentinos operan además con niveles de capital y previsiones holgados respecto de los mínimos regulatorios.
El riesgo, por ahora, es menos de solvencia bancaria y más macroeconómico: una mora alta seca el crédito de consumo, y sin crédito el mercado interno —el que ya venía flojo— tarda más en recuperarse. Con Interés va a volver sobre este dato cuando el BCRA publique el informe de mayo, para ver si la escalera siguió subiendo o encontró su primer escalón plano.