Se perdieron 28.736 empleos registrados en abril, pero solo 4 de cada 10 eran asalariados privados
Los titulares dijeron 12 mil, 28 mil y 30 mil empleos perdidos en un mismo mes. Los tres números salen del mismo informe oficial y los tres son ciertos: dependen de qué se cuente. Esta es la anatomía del dato del trabajo registrado de abril de 2026 — con la cuenta abierta.
El 15 de julio, la Secretaría de Trabajo publicó el informe de trabajo registrado de abril, y la misma cifra apareció contada de tres maneras. "Se perdieron casi 12 mil empleos privados", tituló un diario. "Casi 29 mil puestos", dijo otro. "Casi 30 mil, por fuertes bajas en el sector privado y el monotributo", publicó un tercero. Ninguno se equivocó.
Los tres números conviven en el mismo informe porque miden cosas distintas. El trabajo registrado en la Argentina no es una sola categoría: incluye a los asalariados privados, a los del sector público, a los monotributistas, a los autónomos, al monotributo social y a las casas particulares. En abril, casi todas esas cajas cayeron a la vez. Sumadas, dieron 28.736 puestos menos. La pregunta que ordena esta nota es simple: ¿de dónde salió cada uno de esos empleos que ya no están?
El total de 28.736 esconde seis historias con signos distintos. La foto de abril, abierta por categoría, muestra que la caída fue ancha: la modalidad que más cayó no fueron los asalariados privados sino, sumados, los trabajadores independientes registrados —monotributistas y autónomos—. Solo el empleo público y las casas particulares sumaron algunos puestos.
De dónde salieron los 28.736 puestos
Variación mensual del trabajo registrado por modalidad, abril de 2026 (cantidad de puestos, SIPA)
Aislado, un mes puede ser ruido. Por eso el dato cobra sentido al lado de su historia. La caída de abril no es un tropiezo puntual: es la continuación de una tendencia que ya lleva más de un año. Desde que arrancó la actual gestión, en noviembre de 2023, el balance acumulado del empleo registrado es negativo.
Los dos primeros números parecen contradecirse: ¿cómo puede el total haber perdido 235 mil empleos si los asalariados privados solos cayeron 330 mil? La respuesta es la misma que en abril: mientras el empleo asalariado se destruye, otras modalidades —sobre todo el monotributo— crecen y compensan una parte. Es el dato que más dice sobre cómo está cambiando el trabajo en la Argentina.
△ La cocina del dato
El número no sale de una encuesta ni de una estimación: sale de un registro administrativo. El SIPA (Sistema Integrado Previsional Argentino) cuenta a todas las personas por las que se hicieron aportes en el mes. No es una muestra que se proyecta; es un censo de los que aportan. Por eso el dato es preciso, aunque se conoce con dos meses de rezago: el de abril se publicó el 15 de julio.
Verificamos la cifra ancla de dos maneras. Primero, por coherencia interna: las seis modalidades del gráfico (−11.673, −11.091, −5.135, −4.107, +2.816 y +409) suman −28.780, que redondea al total oficial de −28.736. La cuenta cierra. Segundo, con una fuente independiente: la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL), que releva empresas y usa otro método, marcó para el empleo privado de abril una baja de 0,1% mensual y 1,2% interanual — misma dirección, magnitud consistente. Dos termómetros distintos, la misma fiebre.
Una precisión para no exagerar: descontada la estacionalidad, la baja del total fue de 0,2%. Es decir, no es un efecto de calendario de abril; es una contracción real, aunque moderada en el mes.
La distinción entre "empleo registrado" y "asalariado privado" no es un tecnicismo: es la diferencia entre dos formas muy distintas de trabajar. Un asalariado registrado tiene aguinaldo, vacaciones pagas, obra social, aportes jubilatorios que paga el empleador e indemnización si lo despiden. Un monotributista es su propio jefe: emite factura, paga él mismo su aporte y no tiene ninguna de esas protecciones. Cuando un puesto asalariado se transforma en un monotributo, el trabajo no desaparece del todo — pero cambia de calidad.
Lo que se destruye y lo que crece
Variación interanual del trabajo registrado por modalidad, abril 2025 – abril 2026 (cantidad de personas, SIPA)
Esto es lo que muestran los dos números que parecían contradecirse. El empleo asalariado —el de relación de dependencia, el que la mayoría llama "trabajo en blanco"— se achica. El registro por cuenta propia crece. Para el trabajador, la traducción concreta es directa: menos estabilidad, menos ingreso garantizado a fin de mes, y el costo de los aportes y la obra social que pasa de la empresa a su propio bolsillo.
Hay dos lecturas honestas de este dato, y Con Interés no elige por el lector. Para el Gobierno y quienes acompañan el rumbo, el monotributo que crece es cuentapropismo genuino, gente que en un contexto de estabilización elige emprender, y la caída del asalariado es el costo transitorio de ordenar la economía. Para las miradas críticas, es "precarización": empleos de calidad que se degradan a formas más frágiles, empujadas por empresas que buscan bajar costos. El dato solo no zanja la discusión; pero muestra, con números, que la discusión existe.
Tres formas de medir el empleo (y por qué nunca coinciden)+
La Argentina mide el trabajo con al menos tres reglas distintas, y cada una responde una pregunta diferente. El SIPA —el de esta nota— cuenta a los que tienen aportes: es exhaustivo y bueno para ver la cantidad de puestos formales, pero ignora al empleo informal (el que no aporta). La EPH del INDEC es una encuesta a hogares: mide la tasa de desocupación y la informalidad, pero es una muestra con margen de error. La EIL de la Secretaría de Trabajo encuesta empresas de cierto tamaño: sirve para anticipar tendencias del empleo privado formal.
Por eso conviven titulares que parecen chocar: se puede tener una tasa de desocupación relativamente estable (EPH) y, al mismo tiempo, una destrucción de puestos asalariados registrados (SIPA). No es contradicción: es que un puesto asalariado que se transforma en monotributo no aumenta la desocupación —la persona sigue ocupada— pero sí reduce el empleo en relación de dependencia.
El monotributo: ¿emprendedores o empleo encubierto?+
El crecimiento del monotributo admite las dos lecturas, y ambas tienen evidencia. A favor de la lectura "emprendedora": la economía del conocimiento, los servicios y el trabajo por proyecto vienen creciendo de forma genuina, y muchos profesionales eligen facturar por su cuenta. A favor de la lectura "encubierta": una parte de las altas de monotributo corresponde a personas que hacen tareas de asalariado —horario, jefe, lugar de trabajo— pero registradas como independientes para que la empresa no pague cargas sociales ni indemnización.
Distinguir una cosa de la otra requiere microdatos que el informe mensual no trae. Lo que sí muestra el dato agregado es el saldo: en los últimos doce meses se perdieron 128.600 asalariados privados y se ganaron unos 49.500 monotributistas. La sustitución no es uno a uno —hay más destrucción que creación—, pero la composición del empleo formal se está moviendo, de forma sostenida, hacia el trabajo independiente.
Qué mirar en los próximos meses+
La variable a vigilar es si la caída del empleo asalariado toca piso. Con la actividad estabilizándose y la inflación en baja, el escenario optimista supone que el empleo registrado privado deja de caer en el segundo semestre y empieza a recuperar. El escenario de estancamiento supone que la actividad se afirma pero el empleo queda rezagado —es habitual que el trabajo sea la última variable en reaccionar tras una recesión—.
El próximo informe del SIPA, con datos de mayo, se conocerá a mediados de agosto y será la primera señal. Con Interés va a volver sobre este dato para ver si la sangría del empleo asalariado se frena o continúa.