Si la macro va bien, ¿a quién le llega? La distribución de la mejora, en datos
La inflación baja, la macro se ordena. La pregunta incómoda es a quién le llega esa mejora. La respuesta oficial tiene dos caras: la pobreza se desplomó de 52,9% a 28,2% en año y medio —un avance social real, que sí tocó a millones—, pero la desigualdad volvió a subir, el 10% más rico gana 15 veces lo del más pobre, y los salarios se recuperaron de manera muy despareja. La torta creció y llegó a la base; el problema es cómo se reparte.
Cada vez que sale un buen dato macro —inflación en baja, superávit fiscal, reservas en alza— vuelve la misma pregunta: ¿y esto cuándo se siente en la casa del que trabaja? No es una cuestión de opinión: el INDEC la mide. Y la foto que devuelven sus números es más matizada que cualquier consigna.
Por un lado, la mejor noticia social en décadas: la pobreza pasó de 52,9% de las personas en el primer semestre de 2024 a 28,2% a fines de 2025, el nivel más bajo en siete años. Por otro, dos señales de alerta: la desigualdad volvió a crecer en el arranque de 2026, y los salarios —el ingreso de la mayoría— apenas empataron o siguen debajo de donde estaban. Esta nota mira las dos caras juntas, con los datos oficiales.
Cara 1: la pobreza cayó, y mucho. Es el dato que sí muestra que la mejora llegó a la base. Cuando la inflación se desacelera —sobre todo la de alimentos—, los hogares de menores ingresos, que gastan casi todo en comida, son los primeros en respirar. Pero conviene mirar de dónde arranca la cuenta: la pobreza se heredó en 41,7% (2do semestre 2023), saltó al pico de 52,9% con la devaluación de diciembre de 2023, y recién de ahí bajó:
Del 41,7% heredado al pico de 52,9% — y de vuelta a 28,2%
Personas bajo la línea de pobreza, Argentina (%, INDEC-EPH).
Cara 2: la brecha se ensanchó. Que caiga la pobreza no significa que la torta se reparta mejor. En el primer trimestre de 2026 el coeficiente de Gini —la medida más usada de desigualdad— subió de 0,427 a 0,442 (más alto = más desigual). El 10% más rico concentró el 33,5% de todo el ingreso; el 10% más pobre, apenas el 1,8%. La distancia entre las puntas es enorme:
El techo y el piso de la escalera
Ingreso per cápita familiar medio, decil más pobre vs. más rico (1er trim. 2026, en $).
Y en el medio, los salarios. El ingreso de la mayoría son sueldos, y ahí la recuperación tuvo ganadores y perdedores muy marcados. Tomando como base noviembre de 2023, los privados registrados apenas volvieron a ese punto (y siguen 20% debajo del promedio de 2017); los estatales provinciales quedaron algo abajo; y los empleados públicos nacionales sufrieron un derrumbe:
Cuánto perdió cada sector desde nov-2023
Variación del salario real por segmento respecto de noviembre de 2023 (%).
△ La cocina del dato
Todo sale de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, que releva ingresos, pobreza y empleo en 31 aglomerados urbanos. La pobreza se publica por semestre; la distribución del ingreso y el Gini, por trimestre; los salarios, con el índice mensual y el RIPTE. Son las mismas fuentes con las que se miden los "buenos datos" macro — por eso sirven para chequear si la mejora se reparte.
Dos precisiones de método. La brecha entre deciles cambia según cómo se mida: por medianas da 15 veces; por promedios, casi 19 — usamos la primera como titular porque es la que informa el INDEC, y aclaramos la segunda. Y el salario informal es el más difícil de medir: se estima con varios meses de rezago, así que su número real es más incierto que el de los registrados. Cuando el dato es flojo, lo decimos.
Dos límites del método que conviene tener presentes. Primero: las apps —Uber, Didi, Rappi, PedidosYa— cuentan como empleo. Quien trabajó una hora o más en la semana figura como "ocupado", casi siempre como cuentapropia informal; por eso la ocupación puede sostenerse mientras baja la calidad del trabajo. Segundo: la EPH releva hogares en viviendas, así que las personas en situación de calle quedan fuera de la muestra — la pobreza por ingresos no las capta, y es parte de por qué la mejora "no se nota" tanto como sugiere el número.
Importa porque "que baje la pobreza" y "que crezca la desigualdad" pueden ser ciertas al mismo tiempo, y a menudo lo son. La pobreza mide cuántos quedan por debajo de una línea; la desigualdad, cómo se reparte el total. Se puede sacar a mucha gente de la pobreza y, a la vez, que los ingresos altos crezcan más rápido que los bajos — que es, en buena medida, lo que muestran los datos de este año.
¿Y cómo salió esa gente de la pobreza? No, en general, por conseguir un mejor trabajo, sino por tres vías. La principal es la desinflación: como la pobreza se mide por ingreso contra la canasta básica, cuando los precios —sobre todo los alimentos— frenan, la canasta deja de correr más rápido que los ingresos. En el segundo semestre de 2025 el ingreso familiar creció 18,3% y las canastas, 11–12%. La segunda vía fueron las transferencias: la AUH fue casi la única partida social que se salvó del ajuste y creció alrededor de 110% en términos reales, junto con la Tarjeta Alimentar. Y la tercera es la que sorprende: no hubo más empleo. La tasa de ocupación quedó casi igual (45,2% vs 45,3%); cambió cuánto ganaba quien ya trabajaba, no cuántos trabajaban.
Marisa, 38 · dos hijos · conurbano
Limpia casas por hora, en negro; cobra AUH + Tarjeta Alimentar. A principios de 2024 su ingreso equivalía a ~70% de la línea de pobreza de su hogar. A fines de 2025 llega a ~105%: cruzó la línea. No cambió de trabajo — la sacaron la AUH y el freno de los precios.
Salió · desinflación + transferenciasBruno, 26 · CABA
En 2024 cerró el local donde trabajaba en blanco. Hoy reparte para una app 10 horas por día. Para el INDEC es un "ocupado" más — pero pasó de un empleo registrado a uno informal, sin aportes. La estadística de empleo no lo distingue.
Empleo · de registrado a plataformaHéctor, 71 · jubilado
Cobra la mínima más un bono congelado desde 2024. Su haber se ajusta por inflación, así que dejó de perder, pero quedó ~un tercio abajo de 2023. No "salió" de nada: sigue recortando.
Quedó atrás · jubilados y estatalesCasos ilustrativos: personajes ficticios, patrones y cifras reales.
Y acá aparece la pregunta de fondo que planteás vos: la movilidad ascendente, la promesa de que trabajando se progresa. Salir de la pobreza no es lo mismo que ascender: muchos de los que cruzaron la línea siguen apenas por encima, con empleos informales, sin aportes ni estabilidad. Con una informalidad que roza el 43% y salarios que en el mejor de los casos empataron a los de hace dos años, el ascensor social se mueve despacio. La estabilización creó el piso; falta ver si genera el crecimiento con buenos empleos que permite subir.
△ Otras miradas
Lectura del Gobierno / optimista. La caída de la pobreza de casi 25 puntos en año y medio es el avance social más rápido en décadas, y es consecuencia directa de bajar la inflación, el impuesto que más golpea a los pobres. La desigualdad de un trimestre puede ser ruido estadístico; con crecimiento sostenido, los salarios y el empleo formal deberían recuperar.
Lectura crítica. La mejora se apoya en una base muy castigada (2024 fue durísimo), los salarios siguen sin superar el nivel previo, los estatales y jubilados perdieron mucho, y la suba del Gini muestra que la recuperación beneficia primero a los de arriba. Sin generación de empleo formal, el descenso de la pobreza puede amesetarse.
Con Interés no toma partido: el logro (menos pobreza) y el problema (más desigualdad, salarios rezagados) conviven en los mismos datos oficiales.
△ ¿Cómo te afecta?
Si sos trabajador informal o changarín: sos de los que menos vio de la mejora. Tu ingreso se mide con rezago, quedó atrás y la informalidad —que limita aportes, crédito y estabilidad— sigue alta. La baja de la inflación ayuda; la recuperación del ingreso, mucho menos.
Si sos empleado público o jubilado: estás entre los que más poder de compra perdieron desde 2023. La macro ordenada no se tradujo, para vos, en recomposición.
Si saliste de la pobreza en este período: es una mejora concreta y real — pero conviene mirar si es un piso firme (empleo estable) o apenas cruzar la línea. Con Interés informa y contextualiza: no es asesoramiento financiero.
Pobreza vs. desigualdad: por qué una baja mientras la otra sube+
Son dos preguntas distintas. La pobreza es un umbral: cuenta cuántas personas tienen ingresos por debajo de lo que cuesta una canasta básica. Si la inflación de alimentos cede, esa canasta sube más despacio y muchos hogares la superan — por eso la pobreza cae rápido cuando baja la inflación, aun sin grandes aumentos de salario.
La desigualdad (Gini) mide otra cosa: cómo se reparte todo el ingreso entre ricos y pobres. Puede empeorar aunque la pobreza baje, si los ingresos altos —ligados a rentas financieras, dólares o sectores que ganaron con el nuevo esquema— crecen más rápido que los sueldos de abajo. Mirar solo una de las dos da una foto incompleta; por eso Con Interés muestra las dos.
El problema de medir la movilidad social en la Argentina+
La "movilidad ascendente" —¿los hijos viven mejor que los padres? ¿quien empieza abajo puede subir?— es difícil de medir porque no hay en la Argentina una encuesta oficial regular que siga a las mismas personas por décadas. Lo que sí tenemos son proxies: la salida de la pobreza, la evolución del salario real, la formalidad del empleo y la brecha entre deciles.
Y esos proxies dan una señal mixta. Salió mucha gente de la pobreza (bien para la movilidad), pero la informalidad alta y los salarios estancados juegan en contra: un empleo sin aportes rara vez es una escalera. La estabilidad de precios es condición necesaria para que la movilidad vuelva, pero no suficiente: hace falta inversión y empleo de calidad, que son los datos a seguir en los próximos años.
Ganadores y perdedores del salario: la letra chica+
El "salario promedio" esconde realidades opuestas. Los privados registrados fueron los que mejor pelearon la inflación: a fines de 2025 estaban apenas por debajo del nivel de noviembre de 2023 (aunque todavía un 20% abajo del promedio de 2017, según CEPA). Los estatales provinciales quedaron alrededor de 5% abajo. Los estatales nacionales son el caso extremo: perdieron cerca de un tercio de su poder de compra en dos años, golpeados por el congelamiento salarial del ajuste.
Los no registrados —casi la mitad de los asalariados— son el punto ciego: sus ingresos se miden con rezago y con más error, pero todo indica que quedaron muy retrasados, y la informalidad creció en el período. Son, junto a los estatales nacionales y los jubilados, los que menos vieron de la mejora macro. Con Interés va a volver sobre estos datos cuando el INDEC publique la distribución del ingreso del segundo trimestre.