Un experimento de San Andrés y la Di Tella con 1.174 argentinos encontró que la IA achicó 75% la brecha de rendimiento entre los que estudiaron más y los que estudiaron menos
Cinco economistas le dieron un problema de trabajo a 1.174 argentinos de 25 a 45 años, a la mitad con un asistente de inteligencia artificial. Sin IA, los que tenían más estudios rindieron bastante mejor; con IA, la diferencia se achicó 75%. Pero cuando les sacaron la herramienta, buena parte de la brecha volvió. En la Argentina, uno de cada tres ocupados terminó el secundario y no siguió estudiando.
¿La inteligencia artificial premia a los que más estudiaron o empareja la cancha? Cinco economistas —Guillermo Cruces y Diego Fernández Meijide, de la Universidad de San Andrés; Sebastián Galiani, de la Universidad de Maryland; Ramiro Gálvez y María Lombardi, de la Universidad Torcuato Di Tella— lo midieron con un experimento hecho en la Argentina, y publicaron los resultados en un documento de trabajo fechado en mayo de 2026 (también circula como documento del NBER).
Entre septiembre y noviembre de 2025 reclutaron por internet a 1.174 personas de 25 a 45 años y les dieron la misma tarea: un mail del jefe que pide diagnosticar un problema de un negocio —una cafetería, un delivery de comida o una casa de electrodomésticos— leyendo un informe con texto, un gráfico y una tabla, y proponer una solución. A la mitad, elegida por sorteo, le dieron un asistente de IA basado en GPT-4.1, el modelo de OpenAI. Pagaban hasta $25.000 en tarjetas de supermercado según qué tan buena fuera la respuesta.
El resultado: sin IA, los que tenían más estudios rindieron bastante mejor que los que tenían menos. Con IA, los dos grupos mejoraron, pero mucho más el de menos estudios, y la diferencia entre ellos se achicó 75%. Tanto, que el grupo de menos estudios con IA rindió más que el de más estudios sin IA.
Hay una segunda parte, y es la que pone el freno: apenas terminaron, a todos les hicieron preguntas sobre el mismo problema, ya sin el asistente. Ahí la ventaja de los que estudiaron más volvió a aparecer, aunque algo más chica.
Cómo se ve en una sola pregunta. La tarea tenía una trampa: había que encontrar la causa de fondo del problema, no solo describirlo. Sin asistente, la encontró en promedio el 49,5% de los participantes con menos estudios y el 64,7% de los que tenían más. Con asistente, 84,1% y 88,1%: casi la misma proporción.
Con IA, los dos grupos encuentran la causa del problema casi en la misma proporción
Porcentaje que identificó la causa de fondo del problema planteado en la tarea. "Menos estudios": secundario completo, sin estudios superiores o con menos de la mitad de una carrera. "Más estudios": más de la mitad de una carrera terciaria o universitaria, o la carrera terminada.
La brecha, antes y después. Los autores miden el rendimiento con un puntaje de 0 a 10 que combina contenido y redacción, y lo expresan en desvíos estándar, una medida de cuánto se separa cada grupo del promedio. Sin IA, el grupo de más estudios sacaba 0,548 desvíos más que el de menos estudios. Con IA, 0,139. La diferencia que se cerró es tres cuartos de la original. En las preguntas posteriores, ya sin asistente, la distancia fue de 0,200 desvíos entre los que habían usado IA (0,300 en el grupo que nunca la tuvo).
La IA achica la brecha en la tarea; sin la herramienta, una parte vuelve
Diferencia de puntaje promedio entre los dos grupos educativos. "Sin IA": los que hicieron todo sin asistente. "Con IA": los que tuvieron asistente en la tarea.
Lo que dicen los registros del chat. Los autores guardaron todas las conversaciones con el asistente. El 70,2% de los participantes de menos estudios que usaron la IA entregó como respuesta el texto del asistente copiado entero, contra el 60,1% de los de más estudios. Estos últimos le dieron instrucciones más detalladas y repartieron el pedido en más pasos. Esa forma de usarla, concluyen, explica por qué la brecha se achica pero no desaparece.
Lo que encontraron otros. El estudio va en la misma dirección que el de Erik Brynjolfsson (Stanford), Danielle Li y Lindsey Raymond (MIT) con 5.179 empleados de atención al cliente de una gran empresa de software, la mayoría en Filipinas: con un asistente de IA resolvieron 14% más consultas por hora en promedio, 34% más los novatos y los de menos habilidad, y casi nada más los experimentados (NBER, documento 31161). Pero no todos los experimentos dan igual. En Kenia, Nicholas Otis (Berkeley), Rowan Clarke (Harvard), Solène Delecourt y David Holtz (Berkeley) y Rembrand Koning (Harvard) le dieron a 640 emprendedores un mentor de IA por WhatsApp: en promedio no cambió nada, pero los negocios que ya andaban bien ganaron algo más de 15% y los que andaban mal, alrededor de 8% menos; según un análisis exploratorio de los autores, porque le consultaban los problemas más difíciles (versión de febrero de 2024). Cuando la tarea es abierta y no tiene una respuesta clara, la IA puede ayudar más al que ya sabe.
¿Y cuántos argentinos están en cada grupo? El experimento no mide la economía, pero el INDEC sí cuenta cuántos trabajadores tienen cada nivel de estudios. En el segundo trimestre de 2026, de cada 100 ocupados de los grandes centros urbanos, 32,6 terminaron el secundario y no siguieron: es el núcleo del grupo de "menos estudios" del experimento, donde el 64% tenía solo el secundario. Otros 14,2 empezaron una carrera terciaria o universitaria y no la terminaron, y 25,2 la terminaron. Y 28,0 no completaron el secundario.
Uno de cada tres ocupados terminó el secundario y no siguió estudiando
Total de 31 aglomerados urbanos, todas las edades. Porcentaje de la población ocupada.
Ese 28,0% sin secundario completo es justo el que el experimento no puede contar: para participar había que tener el título secundario y una computadora propia.
△ La cocina del dato
Camino de verificación: hallazgo de un estudio, con las cinco condiciones de la sección (atribuido, leído en el original, con método y límites, con otros estudios al lado y con el dato argentino verificado). El 75% no es una estadística oficial ni un hecho de la economía argentina: es lo que encontraron Cruces, Fernández Meijide, Galiani, Gálvez y Lombardi en un experimento. Así lo presentamos.
1. El original. Leímos el documento completo (versión de mayo de 2026, 99 páginas con anexos), no notas de prensa. El 75% está en el resumen y en las páginas 2 y 15; las brechas, en el cuadro 1 (página 30) y la figura 1 (página 33). La recalculamos: (0,548 − 0,139) / 0,548 = 74,6%, que los autores redondean a 75%. Los efectos de la IA fueron 1,242 desvíos para el grupo de menos estudios y 0,834 para el de más, y la diferencia entre ambos, 0,408, es significativa al 1%. Los registros del chat, en el cuadro 3 (página 32).
2. Qué midió. Un experimento con sorteo, registrado antes de hacerse (registro de ensayos de la AEA, número 0016607), aprobado por los comités de ética de la Universidad de Nottingham y del CEDLAS (UNLP). 1.795 personas de 25 a 45 años que cumplían los requisitos fueron sorteadas a tener o no el asistente; 1.174 (65%) terminaron, con tasas parecidas en los dos grupos: 520 de menos estudios y 654 de más. Edad promedio, unos 35 años; el 78% del grupo de menos estudios y el 89% del de más estudios trabajaba (páginas 11 y 12). Las respuestas las corrigió un modelo de IA (GPT-5-mini) con una grilla fijada de antemano, diez veces por respuesta; los autores lo contrastaron con otros dos modelos, con un investigador independiente y con dos estudiantes que corrigieron a mano el 10% de las respuestas sin saber a qué grupo pertenecían (páginas 10 y 11).
3. Sus límites, dichos por los autores. Es una sola tarea, de unos 20 minutos, hecha por internet y fuera de una empresa: una tarea general de leer, diagnosticar y escribir, justo el tipo de trabajo donde la IA actual es buena. Los autores escriben que no interpretan sus resultados como predicciones sobre salarios ni sobre la desigualdad de la economía (página 25), y que el efecto igualador puede achicarse o darse vuelta en tareas que dependen de coordinar con otras personas, o con modelos de IA distintos. Un 13% del grupo sin asistente probablemente usó IA por su cuenta, lo que hace que la estimación sea, si algo, conservadora (página 13). Y en el trabajo real, advierten, el acceso a la IA puede ser más desigual que en el experimento, donde todos los sorteados lo tuvieron con un tutorial.
4. Los otros estudios. En la misma dirección: Brynjolfsson, Li y Raymond, "Generative AI at Work", NBER 31161 (versión revisada de noviembre de 2023), con 5.179 empleados de atención al cliente de una empresa de software: +14% de consultas resueltas por hora en promedio, +34% para novatos y de menos habilidad. En la dirección contraria: Otis, Clarke, Delecourt, Holtz y Koning, "The Uneven Impact of Generative AI on Entrepreneurial Performance" (febrero de 2024), con 640 emprendedores de Kenia: sin efecto promedio, algo más de +15% para los de mejor desempeño y alrededor de −8% para los de peor. Los dos los leímos en el original. Comparan cosas distintas (desempeño previo o experiencia, no nivel educativo), y el propio documento argentino los discute: la literatura encuentra más ganancias para los que parten de abajo en tareas bien definidas, y no en todas.
5. El dato argentino: estadística oficial recalculada, con contraste independiente. El nivel educativo de los ocupados lo mide un solo organismo, el INDEC. (a) Documento: informe del segundo trimestre de 2026, cuadro 1.4, página 10: secundario completo 32,6%; superior y universitario incompleto 14,2%; completo 25,2%; secundario incompleto 14,3%, primario completo 11,1%, primario incompleto 2,4%, sin instrucción 0,2% (suman 100,0). (b) Recálculo: los microdatos del segundo trimestre se publican el 4 de noviembre. Con los microdatos del primer trimestre rehicimos el mismo cuadro de ese trimestre y da exactamente lo publicado en el informe del primer trimestre (cuadro 1.4): 31,3% secundario completo, 15,5% superior incompleto, 24,8% superior completo. Ahí comprobamos también que la categoría "superior" de la encuesta incluye terciario y universitario. (c) Contraste: el Censo 2022, un operativo distinto, midió para toda la población de 30 a 64 años 25,6% con secundario completo como máximo nivel, 32,8% con estudios superiores completos o no y 41,6% sin secundario completo (gráfico 6, página 13); de 25 a 29 años, 35,4%, 26,8% y 37,8%. El universo no es el mismo —el Censo cuenta a todos, trabajen o no, en ciudades y en el campo; la encuesta, solo a los ocupados urbanos, que en promedio estudiaron más—, pero el orden de magnitud del grupo "secundario completo y nada más" coincide: entre un cuarto y un tercio.
Qué no afirmamos. Que la IA vaya a achicar las diferencias de sueldo entre los que estudiaron más y menos: el estudio no mide sueldos. Que pase lo mismo en cualquier trabajo: es una sola tarea. Ni que alcance con tener la herramienta: la brecha volvió cuando se la sacaron.
Como recuerdan los autores, muchas de las tecnologías que llegaron al trabajo les rindieron más a los que más estudiaron, y por eso ensancharon la diferencia de ingresos con el resto. Este experimento sugiere que con la IA generativa, al menos en tareas de leer, ordenar y escribir, puede pasar lo contrario: la herramienta hace por el usuario justo lo que más le cuesta al que estudió menos, como estructurar un problema o redactar con claridad.
Pero el mismo estudio marca el límite: hacer una tarea con ayuda no es lo mismo que saber hacerla. Entre los que tuvieron el asistente, los que lo usaron mucho y le dedicaron poco tiempo a la tarea hicieron respuestas tan buenas como los que lo usaron mucho y le dedicaron más tiempo. Pero después, sin la herramienta, los segundos rindieron mucho mejor: 0,886 desvíos por encima de los que usaron poco la IA y poco tiempo, contra 0,219 de los primeros, que no es estadísticamente distinto de cero (cuadro 2, página 31). En la Argentina, donde uno de cada tres trabajadores terminó el secundario y no siguió, la pregunta no es solo si la IA empareja, sino quién va a tener acceso a ella y cómo va a aprender a usarla.
△ ¿Cómo te afecta?
Si terminaste el secundario y no seguiste estudiando, el experimento indica que una IA puede acercarte al rendimiento de alguien con más estudios en tareas de leer un informe y escribir un diagnóstico. También indica que copiar la respuesta tal cual no te deja nada: lo que quedó después fue de los que trabajaron el problema junto con la herramienta.
Si tenés una empresa o un comercio, el estudio de Kenia es la otra cara: cuando el problema es abierto y difícil, el consejo de la IA ayudó a los negocios que ya andaban bien y les jugó en contra a los que andaban mal. La herramienta no reemplaza saber qué preguntarle.
Los cuatro hallazgos del experimento +
(1) La IA mejora el rendimiento de los dos grupos, más el de menos estudios, y cierra unos tres cuartos de la brecha inicial. (2) Las ganancias no son pura delegación: los que tuvieron IA no rindieron peor que los demás cuando se la sacaron, y los de menos estudios conservaron parte de lo ganado (0,171 desvíos más que su grupo sin IA), aunque la brecha con los de más estudios reapareció. (3) Usar mucho la IA asegura una buena respuesta en la tarea aun con poco esfuerzo propio, pero lo que se retiene después depende de combinar la herramienta con esfuerzo. (4) Los de menos estudios obtienen mucha ayuda de la IA; los de más estudios la usan algo mejor: instrucciones más precisas y un trabajo en varios pasos.
Un dato de escala: con IA, el grupo de menos estudios sacó un puntaje promedio (1,242 desvíos sobre su grupo sin IA) más del doble que el de los de más estudios sin IA (0,548), diferencia significativa al 1% (página 15). Y la tarea no se volvió trivial: con IA, solo el 13% del grupo de menos estudios y el 21% del de más estudios llegó al puntaje máximo (de 9,75 a 10).
Los argentinos de 25 a 45 años, la edad del experimento +
Cálculo de Con Interés con los microdatos de la EPH del primer trimestre de 2026 (último disponible), para los ocupados de 25 a 45 años: 34,3% terminó el secundario y no siguió; 16,6% tiene estudios superiores incompletos; 25,8%, completos; y 23,2% no terminó el secundario. Con los microdatos del cuarto trimestre de 2025, 34,0%, 16,8%, 25,8% y 23,5%. Son unos 7,1 millones de ocupados en los 31 aglomerados que cubre la encuesta.